Utopía liberada

Conocí a un ser humano maravilloso. Entré a su casa y me sentí aceptada antes de que supiera mi nombre. Se rió, me hizo reír mucho. Le gustan esas banalidades que a mí también, digo, tenía puesta una remera que referenciaba a Tarantino y a Star Wars al mismo tiempo. Maravilloso.

Me estaba riendo y pensé en que a vos también te caería bien. Y que no te importa Star Wars y mucho menos Tarantino. A veces me hablás de esas cosas para darme el placer y porque, creo, te gustan las pasiones. Las que fueran.

Supe ahí que este es un juego en el que ya perdí.

Y tal vez amarnos-

Juego libre

Lo que meramente gusta. Más allá de los sentidos, más allá de la razón. Lo que conmueve por algún motivo, lo que permanece. Esa lluvia que golpeó mi ventana mientras me abrazabas. Alguna que otra sonrisa trasnochera. Sentarme en la mesada de la cocina, vos al lado. Pedirte un fernet, es lo que sabés hacer. “¿Y vos qué sabés hacer?”. Reírme de tus chistes aunque sean malos, probablemente.

Sin un por qué, sin motivación clara o razón de ser. Las manos que se entrelazan sabiendo que después se van a distanciar y ah, te va doler esa distancia. Los silencios. Saberte contento, no feliz pero satisfecho. Tranquilizarte, también. Pelearte.

La belleza libre, aquella que se despega de su dueño y puede ser simplemente contemplada. Los ratitos que vivimos y a los que vuelvo. El miedo que me provocás. Y una vez más, el silencio.

Dijo: Te conozco, estás haciendo una tormenta. Contesté: ¿no soy, un poco, una tormenta? Quizás la respuesta haya sido un piropo. Hablábamos de vos y de que me hacés bien. Decíamos que me estaba acostumbrando y eso es parecido a domesticar. Y vos no leíste El Principito (creo) pero uno debe hacerse cargo de aquello a lo que domestica, una flor, un zorro, un amigo, yo cuando te sonrío. 

Ahora hay un algo que me desborda. Dicen que las mentiras tienen patas cortas, lo niego. Yo creo que la verdad es la más explosiva. Las verdades necesitan aire, necesitan ser dichas. Entonces yo, quizás en algún momento en mi habitación en la oscuridad, tenga que decirte que me gustás. Y esperar que sientas lo mismo.

Fue un descuido, desgraciado

Me pasa una Amstel a través de la ventana enrrejada. “¿Tendrás un abridor?”, hace que sí con la cabeza y me lo da, atado con un hilo y enganchado a la mesa mostrador del kiosco de barrio. Dos minutos antes me había dicho “me encantan las mujeres que piden cerveza”, “hoy no, Nico” le respondí. “¿Qué pasó, princesa?” me dijo. Y yo levanté los brazos intentando explicar con un gesto algo que me tomaría horas. Entendió. “Vos también… No te cansás de perder, nena”. Agarro la botella y el puñado de caramelos que me regala siempre con un acto de galantería. “Anotalo”. Y me fui.

Camino desviándome de mi casa, pero no puedo hacer nada para evitarlo (así como no pude evitar quererte). La gente me mira y claro, es temprano a la mañana y yo soy una chica joven con un armado en la boca y una botella a medio tomar. No fumo, pero el olor a tabaco sos vos y hoy me hacés falta. Me doy cuenta ahora, no debería haberte mostrado estas calles como no debería haberte conocido tanto. Ahí está la casa en la que me robaste un beso miestras nos reíamos de eso de poner cámara de seguridad. Y Aquél es el vecino que nos miró mal la vez que eran las diez de la mañana y fuimos a comprar otro vino. Si presto atención, puedo escuchar a tu amiga diciendo “me encanta me encanta me encanta para vos”. 

Apuro la cerveza y vuelvo a prender el pucho, se me había apagado en la boca como supongo que te pasó a vos con lo nuestro. Me hubiera gustado saber cómo, cuándo. Llego a una plaza, muy parecida a esa en la que al lado tuyo volví a creer en el amor. Sonsa, yo. Que descuido el tuyo. Me siento en el banco, apoyo en envase en el piso y aplasto el cigarrillo. Allá se va tu olor. Vos, la última sonrisa que me mostraste. Todo. Las noches frías y las de verano también. Estoy agotada y recién me doy cuenta. Desde hace algunos minutos no pienso en nada.Esto es todo lo que soy. Me recuesto, uso mi brazo de almohada. Cierro los ojos.

Y ya está, te acabó.

Propuesta

Creo que soy la mina más para vos que hay en este mundo - dije casi sin poder mirarte a los ojos -. Y creo que vos sos el pibe más para mí que hay. Y sé qué estás pensando y sé que lo próximo que vas a decir es “Sos una boluda”. Porque soy la mina más para vos que vas a encontrar. Por eso también sé que ahora vas a negarlo todo, que me vas a querer convencer de que estoy equivocada. Pero… ¡Dejame terminar! Ya estoy hundida, dejame terminar… Pero te prometo que cuando llegues a tu casa y mires el techo, vas a pensar en mí. Cuando en el subte te invada el olor a limón, te voy a aparecer en la cabeza. Y quizás no ahora, ni en unos días, pero eventualmente te vas a dar cuenta de lo que te digo. Vas a decir que estoy loca (que lo estoy) pero que además tengo razón. Porque no vas a encontrar a otra con la que te lleves así de bien, te lo digo yo que de esta cuestión sé un poquito más que vos.

¿Y sabés por qué lo sé? Porque soy la chica más para vos. 

Radiohead - House of Cards
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I don’t wanna be your friend
I just wanna be your lover
No matter how it ends
No matter how it starts

Confesionario

En realidad yo hoy quería verte. Porque en realidad tengo algo que decirte y no me animo. En realidad, yo si quiero más. Yo si soy capaz de más ternura, de más afecto. Yo sonrío de verdad con el mensaje a la mañana de “buen día :)”. De verdad. Le sonrío a un aparato, la puta madre, date cuenta.

Date cuenta que yo en realidad busco tu abrazo. Yo en realidad jamás le diría que no al beso que preparás y buscás lentamente. Yo quiero cantar canciones sobre el poliamor y la libertad con vos, pero no las creo nada. ¿Sabés por qué? Porque yo llamo amor a caminar por calle Corrientes ebrios, abrazados, buscando algún lugar donde comprar otra cerveza y parar cada dos pasos a darse un beso. Aunque llueva. Aunque yo lleve tacos y vos me hayas prestado tu campera.

Y lo hicimos sin darnos cuenta.

Dejo de creer en el amor, pobre criatura.

Etapas

Antes de creer en el amor por primera vez, creía que era algo infinito e interminable. Creía en él de la misma forma en que los científicos consideran la energía: en constante transformación y sin muerte posible. No se pierde, no se destruye. Sólo cambia de estado. Pensaba que si bien dejaría de amar como pareja, siempre quedaría en mí amor amistoso hacia el otro. Fraternal.

Después quise, ¿amé? No sé. Probablemente no. Yo hubiera dicho que sí. Y en ese querer me demostraron que estaba equivocada. Que el amor sí se destruye. Que no sabemos bien cómo ni cuándo pero se termina, es limitado. No se sigue queriendo así como si nada. El otro quiere todo de vos, o nada. Quiere fidelidad, ‘te amo’ aunque sea vacío, aunque ahora no ames y lo que quieras sea otra cosa. 

Más tarde, después de haber querido y dejado de querer, pensé que quizás el amor lo fuera todo y no lo fuera nada. Que existiera sólo mientras no se imponga, no se exija, no se fuerce. Pensé que el amor merece más que aniversarios y cajas de bombones. Más que un piropo ridículo, o una presentación familiar, o ir al cine y a comer usando 2x1 recortados de la revista del cable.

Y ahora, con vos, estoy intentando probarlo. Creo en otra construcción de lo que es querer, porque quiero que sea ilimitado.