Utopía liberada
TEG

El TEG es un juego de táctica y estrategia, dicen. Uno tiene un ejército y un objetivo: conquistar. El que más conquista gana.

Siempre elegí el ejército negro, de alguna forma me parecía que se imponían más sobre el tablero. Sólo jugaba con papá, a los nueve años y - claro - él me ganaba cada vez.

Te juro, no mejoré. Soy este disparate que ves, la táctica y la estrategia no son lo mío. De comandante me muero de hambre. No aprendí ni un poco de mis mayores, y eso que intentaron enseñarme. Pero qué se yo, soy torpe, soy sincera, no escondo nada porque todo lo que soy lo soy de verdad, no me enorgullece nada y nada lo merezco.

Entonces cuando vos elegís la canción con la que alguna vez nos besamos. O movés la cabeza así y sonreís de costado. O cuando me reconquistas cada vez que me ves (¿Algún día me darás un beso sin tanta introducción?). O cuando me acusás de malhumarada, o inlcuso cuando te vas. En todos esos momentos yo soy el ejército rindiendose, cambiando negro por blanco y pidiendote una tregua. Te estoy diciendo: no me sé bien las reglas.

Hay algo más lindo que salir tarde de la facultad y que me espere una amiga con un café con canela y miel. Hay algo más lindo que pasar los lunes a la tarde con ese grupo de amigos que me hice rápido y ahora no puedo dejar. Mejor que mirar una de Fincher o Tarantino con mi papá, que sacar a pasear a mi perro a la noche en verano, que salir con mis amigas y volver sola caminando al amanecer.

Me gusta más que entrar a un café cualquiera cuando llueve, o que la noche de los museos, que un recital sola llorando, que el olor a libro nuevo. Más que bailar cumbia con mis amigas y salir en pijama a comprar otra botella de vino. Más que las clases lindas a las siete de la mañana, o tener una cámara en la mano.

Mejor que un vinilo de mi banda preferida, que una remera hecha exclusivamente para mí y pintar con óleos y colores vivos. Mejor que un cuadro flamenco y charlas sobre muertos. Que la terraza en verano, la pizza casera y el día que llega temprano.

Lo primero que uno ‘es’ es hijo, es la primera forma en la que lo definen y enuncian. Incluso antes de poder definirse y enunciarse por sus propios medios. Tradicionalmente, las primeras palabras del niño suelen tener relación con su condición de hijo ‘mamá’ o ‘papá’ tienden a ser los primeros logros lingüísticos.

Uno como hijo depende de su madre y de su padre, para que le den abrigo, afecto, alimento; para que le enseñen a definirse por medios propios y para ayudarlo a mostrarse como individuo.

¿Y cuando el padre se vuelve contra el hijo? ¿Tiene derecho el hijo de odiarlo también? El amor profundo que uno genera por la persona que lo cuidó hasta el momento (ya que si estamos vivos es porque ellos lo permitieron), ¿puede volverse otra cosa? ¿Se seguirá amando siempre? ¿Habrá límites para ese amor?

Quizás uno termine exhausto, física, mental y sentimentalmente de luchar contra quien lo definió. Es un poco luchar contra uno mismo, y hay que ver lo cansador que resulta eso. 

Uno como hijo que ya no necesita ser protegido, grita: alto al fuego. Ya no puedo

Varón bonito es el que cuestiona sus privilegios

Por más hombres feministas♥

little-miss-melancholy:


The Colossus, 1810 by Francisco De Goya

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The Colossus, 1810 by Francisco De Goya

Angel Caído - El Kuelgue

Quedate así siempre. Dejame gritar tu nombre siempre. Dejame no ser tu nada pero ser mucho en tu vida. Dejame invadirte, que cuando noto que te molesta me retiro de a poco. Vos dejame hacer, dejame estar.

Explicame por qué lloro desde ayer

Cuando me acuesto miro el techo y pienso que hay una cosa que yo nunca te conté: cuando me quedo solo a veces pienso en vos y en empezar a dar amor de nuevo.

Sigo buscando un amor, 
sin peros en la lengua, 
sin obligaciones ni juzgados, 
sin tantas condiciones 
ni reclamos, 
que esto no es una feria, 
ni un bazar, ni un mercado